La necesidad del nuevo puerto exterior sólo se entiende en función de otra actuación aún más perentoria: la regeneración integral de la bahía de Pasaia, lo que requiere el cese de la actual actividad portuaria en el interior de la bahía.
Ahora mismo, el puerto presenta estados de saturación desde diferentes puntos de vista. Cada año mueve, de media, más de cinco millones y medio de toneladas de mercancías, cuando en circunstancias normales no debería sobrepasar las tres y media. Sus muelles tienen escasa superficie operativa, sobre todo a causa de su estrechez.
La angostura del canal y las limitaciones de calado, impiden la entrada de barcos de más de 185 metros de eslora, 31 de manga o 30.000 toneladas de carga.
La cercanía de la población genera problemas recíprocos y dificulta hasta niveles dificilmente soportables la convivencia puerto-ciudad.
|
Y, sin embargo, la ciudad, Pasaia y toda la aglomeración que le circunda y que llega a albergar más de 60.000 habitantes, necesita del puerto como indispensable motor económico, necesidad que se hace extensible a todo el territorio de Gipuzkoa, aunque el hinterland de Pasajes no se agota ahí, sino que es mucho mayor.
El puerto exterior resuelve a la vez todo ese intrincado bosque de dificultades y necesidades contrapuestas: ganaría muchos metros cuadrados y lineales de superficie operativa; no tendría la actuales limitaciones de accceso; y como consecuencia, daría a los vecinos de Oarsoaldea la posiblidad de recuperar para su disfrute y para el desarrollo de otras actividades más limpias las 76 hectáreas de terreno que actualmente ocupan los muelles, así como convertir la lámina de agua en un enclave priviliegiado para actividades de náutica recreativa, entre otras. |